Respondo de los daños que sean consecuencia directa de un incumplimiento que me sea imputable.
Mi responsabilidad no va más allá de lo que mi seguro de responsabilidad civil abone en ese caso, más la franquicia que yo mismo soporte. Si ese seguro no abona nada, por el motivo que sea, mi responsabilidad se limita al importe facturado del encargo en cuestión, con un máximo de 25.000 € por siniestro.
Esta limitación no se aplica en caso de dolo o temeridad consciente por mi parte, ni en caso de fallecimiento o lesiones. Ahí rige simplemente la ley.
Al margen de este límite, asumo por voluntad propia dos cosas a las que no estoy obligado. Si se produce un daño por mi actuación, asumo su franquicia hasta 500 € por siniestro. Si con ello pierde años sin siniestros, compenso esa pérdida hasta 1.500 €. Ambas cosas van juntas y quedan dentro del máximo anterior.
No respondo de daños indirectos — lucro cesante, un evento perdido, una cuota de renting en curso, una cita perdida — salvo en caso de dolo o temeridad consciente.